Vivencia - María Hernández

La historia violenta del país y la forma que tienen las personas de afrontarla siempre ha sido un tema apasionante para mí como persona, como ciudadana y como comunicadora audiovisual en formación. Si bien nunca me ha afectado de manera directa, mi familia si ha tenido que sufrir las consecuencias de la violencia, por mi lado paterno decidimos alejarnos de una finca en el municipio de San Carlos, debido a los enfrentamientos entre guerrilleros y paramilitares. Mis tías y mi abuela perdieron a familiares y amigos víctimas de los asesinatos que llevaron a cabo ambos bandos. Por mi lado materno nos afectó la presencia de grupos paramilitares en el Magdalena medio donde residen mis abuelos y algunos tíos.

 Debido a las diferentes historias que oí al crecer, me gustaba mucho ver las diferentes formas que se creaban para lidiar con hechos tan devastadores a nivel personal y social, pero a medida que pasaba el tiempo notaba que la gente se empeñaba en no hablar del tema y de ignorar todo lo que había ocurrido, pero si por algún motivo algo les recordaba aquellos momentos las lágrimas no tardaban en aparecer. Un ejemplo de esto lo viví hace unos años, cuando mejoró la situación en San Carlos decidimos volver, una tarde caminaba entre risas con una tía al lado de la carretera, cuando pasamos por una casa; más bien las ruinas de una casa, pues de casa ya le quedaba poco, y las risas se volvieron de inmediato lágrimas “Aquí vivía mi padrino, una noche volvía de trabajar y simplemente le dispararon.”

 Lo cual me confirmó, que lejos de haber sanado las heridas del pasado, se encontraban más abiertas que nunca. Pues nadie se esforzaba por realizar un duelo apropiado, sino, más bien de ocupar su mente en otras cosas y arrojar al olvido todo lo que les recordaba el dolor del pasado.

María Hernández

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